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La frase de mercadeo de una firma comercial "La vida cambia y te cambia", siempre me brinda una oportunidad para reflexionar. Pertenezco a la generación formada para el no cambio y bien descrita por el periodista y escritor Uruguayo Eduardo Galeano en su artículo "Me caí del mundo y no sé cómo se entra".
Dice Galeano que hace 30 años o más se formaba para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa, y el mismo nombre. Educaban para guardar todo, lo que servía y lo que no, porque algún día las cosas podían volver a servir. Las cosas en esa época no eran desechables, eran guardables, pues costaba mucho declararle la muerte a los objetos. Eran tiempos en los que las cosas se compraban para toda la vida y para los que venían después. En la época no se recogía la basura, pues los pocos desechos se utilizaban, hasta los orgánicos para los animales. Los amigos eran para toda la vida. Y hasta los mocos se guardaban en un pañuelo.
Ahora todo es desechable. Mejor dicho, todo se rompe, se gasta, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. En los últimos 40 años se ha producido más basura que en toda la historia de la humanidad. Los valores, el matrimonio y hasta la amistad son desechables. Los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, a la persona que le falta alguna función es discriminada y se habla de clonar a los humanos más lindos. Es la época del compre y bote y del eterno endeudamiento para pagar lo nuevo. Así como se cambia el celular una vez por semana o el número o la dirección electrónica, se cambian el cónyuge, el amigo y los valores.
Algo que no dice Eduardo Galeano es que en esa época nos obligaban al buen comportamiento y a la lealtad. Todo mal comportamiento, calificado como tal por la sociedad, era el único objeto de cambio y se tenía que enfrentar la labor de la escuela y de la familia. Pero bien, "La vida cambia y te cambia".
Todo este cuento lo traigo para decirle que todos somos capaces, como personas maduras, de aceptar que necesitamos cambiar nuestro comportamiento en nuestro hogar, en nuestra ciudad, en nuestro ITM. ¿Cómo hacerlo? No tenemos ni idea de cómo hacerlo. Jeanie Daniel Duck (El monstro del cambio, 2002) propone un contrato de comportamiento, en torno de cinco preguntas que sirven de guía para obtener compromisos claros. Les cuento que lo he ensayado y me ha servido. Estas preguntas son:
1. ¿Cuál de mis comportamientos abandonaré, iniciaré o cambiaré?
El secreto está en limitarse al propio comportamiento y no pretender cambiar a otra persona. Haga un repaso sincero de esos comportamientos positivos o negativos que apoyan o perturban a su persona, a su hogar, a la ciudad, al ITM. Deténgase en valores, en normas de comportamiento social, organizacional y doméstico. Haga un análisis serio de los factores protectores y de riesgo de un buen estilo de vida saludable.
2. ¿Qué es concretamente lo que estoy dispuesto a hacer?
No haga discursos, procure encontrar comportamientos explícitos y medibles. No diga voy a dejar de fumar, de tomar licor, de llegar tarde a las reuniones. Concrete el cuándo y cómo, pues si no lo hace, su compromiso es un simple propósito.
3. ¿Cómo lo sabrán los demás?
Compromisos en secreto no son fáciles de lograr. Uno debe tener una persona que lo controle en el cumplimiento de su compromiso, de lo contrario usted se engaña. Si se compromete a llegar puntual a las reuniones, a tener un trabajo organizado, a leer, a ser un amigo leal, a ser cariñoso y respetuoso en su hogar, a tener una actitud positiva para facilitar el logro de los objetivos de la ciudad y del ITM, a dejar de fumar, a comer siempre bien, esto se lo debe comentar a un amigo, a su cónyuge, a su hijo para que haga el control del cumplimiento del compromiso.
4. ¿De qué manera me puedo sabotear?
Haga un estudio de excusas inventadas por usted y de todas las posibilidades para no cumplir con su compromiso. No dejaré de fumar porque me engordo, si llego tarde a la reunión siempre me reciben, en las reuniones siempre hablan bobadas, siempre he comido grasa y no me ha hecho daño, si le cedo a mi mujer me la monta. Todas son excusas tontas.
5. ¿Qué gano con todo esto?
Estudie responsablemente, en compañía de la persona que buscó como control, todas las ventajas o consecuencias negativas. Recuerde que usted es una persona que debe crecer permanentemente. Usted no es un problema sino una solución.
Asuma siempre una actitud positiva, pues la negativa desgasta y exaspera. No crea en la sátira política de Francois-Marie Arouet, conocido con el seudónimo de Voltaire: "Hable mal y ganarás". Esto es diabólico, es política negra y sucia. Hable siempre bien de la ciudad, de nuestro Alcalde Alonso Salazar, de nuestros concejales, del ITM, de su jefe y compañeros de trabajo y, sin ninguna duda, de su hogar. Si necesita reclamar hágalo siempre con serenidad y respeto.
Los quiero mucho a todos sin excepción.
JOSÉ MARDUK SANCHEZ CASTAÑEDA
Rector
Febrero de 2010
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